Todos tenemos la experiencia de que hay huevos con yemas de un amarillo muy intenso y otras de color más pálido. Tenemos la tendencia a pensar que unas son mejores que otras, siempre las más oscuras mejor. ¿En qué sentido? un poco en todos, en realidad, más sabrosas, más naturales, de gallinas más felices... Pero la realidad es que no. En el vídeo que dejo más abajo se explica con mucho detalles.
Pero si no son mejores ¿por qué nos lo parecen? En el vídeo se apunta una razón evolutiva: utilizamos diferentes indicadores (colores, texturas, olores, sonidos, etc.) como proxis de la calidad de los alimentos, o al menos de que no van a ser poco saludables. Seguramente es la razón principal, pero sea como sea se ha estudiado mucho la relación de multitud de variables en la percepción de la comida. Experimentos en los que se pregunta a comensales por su experiencia ante los mismos alimentos pero en platos distintos, distintos cubiertos, mesas, sonidos, colores del mantel, y mil cosas más. A ese campo de investigación se le ha dado en llamar "Gastrofísica".
Charles Spence es uno de los pioneros (si no el inventor) de este campo de investigación y escribió un libro interesantísimo hace unos años titulado, como no, "Gastrofísica, la nueva ciencia de la comida" (enlace al libro en Amazon). Para un vistazo rapidísimo del tema, AQUÍ hay un artículo breve con 7 pinceladas.
El color de la yema del huevo, como el del salmón, serían ejemplos de gastrofísica, y se gestionan industrialmente añadiéndole cosas al alimento de aves y peces de forma que se selecciona el color con extremo detalle.
Pero bueno, ya vale de rollo y al vídeo:
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