Nuestro cerebro lleva siendo igual, o muy parecido, desde hace 200.000 años, mientras que la escritura es un invento de hace 5000. Vamos, que el cerebro no evolucionó para leer, ni ha tenido tiempo de modificarse para adaptarse a esa novedad. Y sin embargo es algo que hacemos con una naturalidad pasmosa. Profundizar en esta cuestión resulta apasionante. Aquí lo cuentan genial:
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